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Marcelino Champagnat

SAN MARCELINO CHAMPAGNAT

Fue el fundador de la Comunidad de los Hermanos Maristas de la Enseñanza. Sacerdote francés, nacido en 1789 al inicio de la Revolución francesa, vivió en carne propia la situación calamitosa generada por la guerra y con la inspiración de Dios se decidió a fundar una comunidad de educadores cristianos dedicados de tiempo completo a la educación de los niños y jóvenes más necesitados.

La infancia de Marcelino transcurre en el pequeño pueblo de Marlhes ubicado en el centro-este de Francia. De su padre Juan Bautista y su madre María, hereda grandes valores que serán fundamentales al momento de lanzarse a cumplir sus sueños: amor al trabajo, devoción a María, espíritu de sencillez, confianza en Dios.

Tras ingresar al seminario menor en 1805 y ordenarse como sacerdote en julio de 1816, es nombrado el 12 de agosto de ese mismo año como vicario parroquial en el pueblo de La Valla-en-Gier, una población de 2000 habitantes dispersos en múltiples y lejanas aldeas por las faldas de la cadena montañosa del Pilat en el Macizo Central francés. 

El Padre Champagnat inicia oficialmente su apostolado el día 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María. Pronto transforma totalmente la parroquia: predica, visita a los enfermos aún de las aldeas más alejadas, hace la catequesis a los niños, implanta la práctica del mes de María, distribuye libros para extender las buenas lecturas, combate el trabajo en domingo, las borracheras, los bailes.

El 28 de octubre de 1816, es llamado de urgencia a la alejada aldea de Les Palais para asistir en su lecho de muerte al joven de 16 años Juan Bautista Montagne. Es entonces cuando se da cuenta de que este joven nunca ha oído hablar de Dios. Al día siguiente, cuando regresa para contarle sobre Dios, descubre que el joven ya falleció. Esto lo decide a poner en práctica inmediatamente su proyecto de HERMANOS para la evangelización a través de la educación infantil y juvenil. 

Marcelino inicia su proyecto con un ex granadero del ejército de Napoleón, Juan María Granjon, de 23 años, a quien debe enseñarle a leer. Al poco tiempo se le añade Juan Bautista Audras de 15 años. El Padre Champagnat los instala en una casita alquilada: es el 2 de enero de 1817 fecha del nacimiento de la Congregación de los Hermanos Maristas. El Fundador decide dar el nombre de Hermanitos de María a estos jóvenes (Petits Fréres de Marie), en honor de la Santísima Virgen en quien ha depositado toda su confianza. 

En noviembre de 1818 funda la primera escuela en su pueblo natal, Marlhes; al año siguiente en su parroquia, La Valla. En adelante, los pedidos de nuevas fundaciones se harán tan perentorios que, en el lapso de 22 años, deja a su muerte 48 escuelas fundadas donde se educan unos 7.000 alumnos. María bendice igualmente su congregación con abundantes vocaciones. En el mismo lapso, Champagnat deja 280 Hermanos, más 49 que ya habían fallecido, y 92 que se habían retirado. Marcelino fallece el 6 de junio de 1840.

En tan pocos años, Marcelino Champagnat se prodiga sin medida: forma a los Hermanos religiosa y pedagógicamente, funda y visita las escuelas, construye cerca de Saint-Chamond el vasto noviciado de Notre Dame de L'Hermitage (trabajando personalmente como albañil y carpintero), atiende la administración de lo temporal (con grandes problemas financieros), gestiona ante las autoridades de París la aprobación legal de su Instituto, entrevista a obispos, sacerdotes, alcaldes y otras autoridades civiles para asentar sus fundaciones escolares. Esta febril actividad se une a su gran espíritu de mortificación: viaja a pie o a caballo, ayuna con frecuencia días enteros para poder celebrar la misa, reza de noche y lleva la contabilidad y la correspondencia después de que todos se retiran a descansar.

No es de extrañar que, a pesar de su fuerte constitución campesina, su salud se quebrantara. Desde una fuerte caída en su salud a fines de 1825, arrastró durante 15 años, hasta su muerte, una gran debilidad de estómago que, amén de fuertes dolores, lo obligaba a privarse a menudo de todo alimento pues le resultaba intolerable. Añádase a esto las múltiples contrariedades, sobre todo en los comienzos de su obra, pues hasta sus colegas sacerdotes lo tildaban de orgulloso, de obrar por vanidad de ostentar el título de fundador; hasta lo consideraron loco y falto de toda prudencia (incluso su confesor y director espiritual lo abandonó). Ciertamente, considerada desde el solo espíritu humano, su acción no podía menos de sorprender y escandalizar. Pero Marcelino Champagnat era hombre de fe y de una profunda humildad. Puso toda su confianza en Dios y en María a quien llamaba Nuestra Buena Madre, y cuando - con la venia de sus superiores los Obispos - juzgaba que se trataba de la voluntad de Dios, nada ni nadie podía detenerlo.

En el campo educativo, Marcelino Champagnat fue un pionero pues siempre estuvo abierto a lo nuevo que fuera más eficiente. Adoptó el método simultáneo-mutuo de enseñanza, zanjando así la polémica entre el método llamado de los Hermanos (de la Salle) y el método sajón o Lancasteriano. Adoptó igualmente un nuevo método de lectura, el fonético-silábico, en remplazo del tradicional del deletreo. Introdujo la enseñanza del canto en la escuela, la educación física, la teneduría de libros y la agrimensura. Introdujo igualmente el catecismo mariano, hizo practicar la disciplina preventiva y prohibió todo castigo físico. Decía: "Para educar hay que amar" y este es el lema de los educadores Maristas en todos los países del mundo.

La Iglesia Católica ha visto en Marcelino Champagnat el modelo de educador para los tiempos actuales y por ello decidió exaltarlo con la CANONIZACION de sus virtudes el 18 de Abril de 1999, fecha en la cual el Papa Juan Pablo II lo proclamó en Roma como el Santo educador ejemplo de la humanidad para nuestros tiempos.  Para los colegios y obras Maristas de todo el mundo este acontecimiento fue motivo de gran regocijo y un estímulo muy grande para proseguir en la labor educativa que llevamos adelante.

 

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