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Publicaciones de Rectoría

PADRES Y MADRES DE FAMILIA, MAESTROS Y MAESTRAS, “PERSONAS PELEADAS” PARA LOS NIÑOS, NIÑAS Y JÓVENES DE HOY

Padres y madres de familia, maestros y maestras, “personas peleadas” para los niños, niñas y jóvenes de hoy. “Deberemos ser el cambio que queremos ver en el mundo”, decía Gandhi. Esto sería realmente sentirse con alma de explorador y arder en deseos para hacer cosas que realmente merecen la pena en la vida.

Vivir una existencia que esté colmada con toda la fuerza de la pasión humana, para vivir cada momento como si fuera el último. Según algunos entendidos, es controlar la mente, llevar una vida interior profunda, gozarse cada momento, cada circunstancia con la plenitud e inocencia, con las que los niños van despertando a la vida. Pero, al parecer, nos toca irnos liberando del yugo de las emociones perjudiciales que tantas veces traicionan nuestros propios sentimientos y nuestra manera de pensar y de actuar.

Pero, la llamada insistente desde nuestra mente como curiosos, investigadores, creativos, siempre será la de ser más, buscar caminos, entender, reflexionar, meditar; prolongar formas de vida que sean entendidas y vividas como un verdadero regalo, sabiendo de antemano, que la vida es un profundo regalo de todos los días. Pues, pocas veces somos conscientes que, recibir un nuevo amanecer cada día, es un verdadero regalo de la vida.

Veamos algunos aspectos que son muestras de verdaderos regalos de la vida:

1. Maravilloso es alabar, bendecir y dar gracias por las familias, en las que papá, mamá o un ser querido, le apuestan la vida entera para ayudar a formar a su hijo o hija, con los mejores destinos que les va brindado la vida.

2. Maravilloso es alabar, bendecir y dar gracias por todos nuestros profesores, bien llamados maestros y maestras, que hacen posible en cada momento las intuiciones, los sueños y las esperanzas de Champagnat, para educar a los niños y jóvenes: “para educar a una niña y a un niño, primeramente, hay que amarlos y amarlos a todos por igual”. Esto será también, exigirles, ayudarles a robustecer el alma, ayudarles a abrir la mente y el corazón para unas nuevas conquistas en y para la vida; pero, ante todo, para ayudarles a modelar sus sueños y sus esperanzas como los nuevos responsables de unas generaciones venideras.

3. Maravilloso es alabar, bendecir y dar gracias, por tener muchísimos padres y madres de familia en nuestra institución, que le apuestan todo para ayudar a formar a sus hijos e hijas con su ejemplo, con su cariño, con todo su don de gentes. Son esos padres y madres una verdadera energía positiva; son la luz y el calorcito del sol que asoman por las puertas de entrada de nuestra institución marista: impactan por su manera de saludar, por su sonrisa, por su alegría, por su entusiasmo; realmente nos contagian su energía por lo que son y hacen. Comprometidos con sus hijos e hijas con sus deberes y luego, con sus derechos. “El futuro de una nación, depende del carácter de su gente. Es decir, de su bondad y de su espiritualidad”, decía Róger Babson.

Verdaderamente dan ganas sinceras de hacerse amigo de ellas, de adueñarse de su modo de ser personas dignas, respetuosas, tolerantes, pero a la vez, exigentes en tantos momentos soberbios en la crianza de sus hijos. Pero, también, nuestros(as) maestros(as) se sienten animados(as) a comprometer todo su ingenio en la dura, pero a la vez, exquisita ocupación, como ninguna, para ayudar a formar talentosamente y con vetas visibles como los valores, que los tiempos modernos nos exigen hoy: formar hombres y mujeres de bien para la vida, visionarios y visionarias, preocupados y preocupadas por la trascendencia de sus vidas como cocreadores de un nuevo mundo y una nueva sociedad. Como lo enuncia Peterson: “Vaya con los soñadores, los valientes, los optimistas, los ejecutores, que tienen su cabeza en las nubes y sus pies en la tierra”.

Para repetirlo y publicarlo en esas vallas publicitarias de cada corazón de padre y madre de nuestro instituto Champagnat. Así, gracias de corazón, porque en ellos encontramos otros maestros con corazones audaces para formar apasionadamente a sus hijos e hijas.

Por eso los invitamos a llevar la bandera de nuestro país con seguridad y coraje, de nuestro departamento y de nuestra ciudad pastusa como padres y madres de familia que juntamente con nuestros maestros y maestras, con toda nuestra gente que diariamente nos ayuda a ser más hermanos maristas, más laicos maristas comprometidos con la vida y el porvenir de nuestros niños y jóvenes que nos han confiado. Así, qué alegría sentirse maestro, maestra, colaborador marista. Así vale la pena seguir construyendo camino, “pues el progreso sucede, cuando líderes con coraje, aprovechan las oportunidades para hacer grandes transformaciones positivas” (Harry Truman).

¡Ah!, y de antemano, una sencilla dispensa les ofrezco a las familias presentes en nuestros escenarios institucionales. Así como puedo alabar, bendecir y agradecer a Dios por tanta bondad, hecha realidad en tantísimos padres y madres de familia de nuestros niños y jóvenes, tenemos que unirnos a las fuerzas transformadoras de Dios y a las de ustedes para tolerar a un número, afortunadamente pequeñísimo de padres y madres de familia de nuestros niños y jóvenes de nuestra institución. Son la otra energía, la sombra perversa que no deja crecer la semilla debidamente.

Refiriéndose a estos contextos conflictivos en la convivencia, un hermano de la Comunidad Marista, decía en una ocasión: En nuestras comunidades tenemos Hermanos que son “peleados”; todo el mundo quiere vivir con ellos, todo el mundo desea que formen parte de la Comunidad. Pero, hay otros, que son los “peloteados”; son como un paquete chileno; nadie se quiere quedar con ellos. Su mala energía corre a cualquiera, hasta el más valiente. Y, más o menos, pasa aquí en nuestra institución. Tenemos padres y madres de familia que, gracias a Dios, contamos con la mayoría, son verdaderamente hombres y mujeres “peleados y peleadas”. Todos los profesores y profesoras quieren que sean padres y madres de su salón de clase.

Pero, también, están los padres de familia que, respetuosamente los llamaríamos “peloteados”, los que sinceramente queremos huir de ellos. No sabemos cómo se nos colaron. Son padres de familia maltratadores con su lenguaje verbal y no verbal. Los insatisfechos, al parecer con toda la vida, con la familia, con la educación de sus hijos e hijas. El aire que pasa por sus venas y arterias, parecería que fuera acompañado de pequeñas burbujas de hiel, disgusto, amargura. No están bien en ninguna parte. Sólo están bien, donde no están. Y muchos de sus hijos e hijas, desde tempranas edades escolares son ya una copia. “Dime qué padres tienes, y te diré quién eres” o, “dime quién eres y te diré qué padres tienes”. Acogiendo, necesariamente, las excepciones, que siempre las hay.

Los padres de familia con esta malévola energía, insatisfechos permanentes hasta con su forma de ser, siempre hablarán mal el uno del otro frente a sus hijos; hablarán mal del colegio y los profesores, serán casi siempre los enemigos de sus hijos. Qué respuesta amorosa de los hijos podrá nacer frente a su propio aprendizaje, frente a una motivación cognitiva que los inspire en la vida como permanentes estudiantes. Dicen que el ejemplo arrastra; que un buen amigo lo lleva al cielo y un mal amigo, al infierno. Entonces, señores y señoras, ¿qué se puede esperar de un padre y de una madre de familia que hablan mal de ellos mismos como pareja, que hablan tristezas y agonías de los maestros de sus mismos hijos? ¿Cómo hacer posible una educación y formación de nuestros niños y los jóvenes basada en el amor, cuando los padres no son dignas y robustas figuras paternales de sus propios hijos?

Los convoco para que luchemos apasionadamente por la construcción y formación de padres y madres de familia “peleados”, porque con ellos y ellas quisiéramos vestir la vida con colores imperecederos, con nuevas caricias y sonrisas. Los convoco para que juntos construyamos unas nuevas maneras de aprender a ser felices. Trabajemos juntos para recrear y fortalecer unas nuevas manifestaciones de autoestima en nuestros niños y jóvenes, con las cuales podamos hacerle frente y con audacia a una cultura:

 “De tenerlo todo cuando se desea y hacer poco esfuerzo por conseguirlo.

 De conocerse poco y conocer poco cómo es el mundo y los demás.

 De la inmediatez.

 De la falta de voluntad.

 De la falta de paciencia.

 De la falta de costumbre en obedecer, pese a que algo no guste.

 De la falta de fortaleza.  De la falta de tolerancia ante la frustración del tiempo que no pasa como se desea.

 De la frustración que genera la voluntad de otros, que no hacen lo que queremos, cuando queremos y como queremos” (Aprender a interpretar a un niño. Autor, Fernando Alberca, 2017).

Que padres y madres de familia, juntamente con los(as) maestros(as) de nuestro Instituto Champagnat, podamos ser “personas peleadas” para nuestros(as) niños(as) y jóvenes de hoy.

Ésa tendrá que ser nuestra tarea de aquí en adelante. ¡Mucho ánimo!

 

Con aprecio,

Hno. Antidio Bolívar Enríquez Oviedo.

Pasto, septiembre, 28 de 2017.

 

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